Bienvenidos a la senda de la historia

lunes, 24 de marzo de 2014

El despertar de la conciencia histórica mediante el conocimiento del paisaje.

Hace muchos años que perdimos la consciencia del espacio. Desde el momento en que nuestros pensamientos ahondan en las vanidades del quehacer diario, y nuestra atención se redirige continuamente a atender el tráfico y no ser atropellados por el camino, damos un paso más al olvido de la historia de las cosas, o simplemente a dar por sentado que los elementos que nos cruzamos todos los días siempre existieron o siempre los hemos visto en su lugar y por eso pierden importancia.
Pero ¿Cómo darse cuenta de que hay todo un mundo a tu alrededor? Hace unos años, mi hermano y yo solíamos ir de senderismo a explorar lugares de nuestro entorno natural. Un día nos dio por conocer la flora de la isla, nos empeñamos sobre todo en la flora autóctona y en la botánica del exterior que más se ve. El experimento fue extremadamente gratificante porque con libro en mano y las botas puestas, exploramos un nuevo mundo, nos dimos cuenta de que existe una enorme variedad de fauna en espacios impresionantemente reducidos y observamos lo ignorante que éramos al no conocer el mundo vegetal que nos rodeaba cada vez que salíamos. A partir de ahí, cuando salíamos con la bicicleta, o a caminar, éramos mucho más conscientes de ese mundo, que antes solo pasábamos sin importarnos que existía.
Con esto quiero decir que todo lo que nos rodea tiene una historia, y para conocer la historia de las cosas, lo mejor es conocer el principio de todo, y el principio de todo comienza con la misma naturaleza y la interacción del hombre con esa naturaleza territorial, vegetal y faunística; como fuimos transformando el territorio[1]. Incidiendo en estos conceptos de relación de territorios, humanos y paisajes, tenemos que tener en cuenta que no solo los transformamos nosotros sino que nos transforma a nosotros[2] y es que no tiene las mismas costumbres una persona que viva en la costa, que una que viva en la montaña. Utilizamos el territorio y sus recursos de una forma diferente y el territorio nos hace especiales en cada caso.
Por todo esto, y no solo para entender los procesos histórico-sociales que llevó a que se transformara de una u otra manera un paisaje, es muy necesario para entender el devenir de la propia humanidad, reconocer las transformaciones que desde el más remoto pasado existieron. Y a esto le añado que: solamente conociendo el paisaje pasado, podemos reconocer como destruimos el medio ambiente, y como debe ser transformado para no seguir destruyéndolo. [3]
Para la arqueología, el reconocimiento de los espacios pasados es esencial para entender como se desarrollaron las culturas, y aplicar así datos fundamentales para el estudio de las culturas que se desarrollaron en un territorio determinado.[4]
Pero para la sociedad, el conocimiento de los paisajes del pasado es la apertura a ese mundo que nos lleva a ser conscientes de nuestro alrededor. De como las sociedades del pasado añadieron para bien o para mal un nuevo escenario, y una personalidad que se desarrolló y que se desarrolla con la interactuación de nuestro contexto urbano o rural. En donde, al fin y al cabo, siendo conscientes de lo que nos rodea, nos hace libres para elegir y entender cómo usar la interactuación del medio y a donde llevarla.



[1] CRIADO, BOADO. Felipe: “La Arqueología del Paisaje como programa de gestión integral del Patrimonio Arqueológico”. Boletín Andaluz del Patrimonio Histórico.. Ed: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.Vol. 14. Sevilla Sevilla. 1996. Pág.: 16
[2] ALVAREZ, MUNARRIZ. Luis: “Conciencia y conducta medioambiental: Los paisajes culturales”. INTERSTICIOS: Revista sociológica de Pensamiento Crítico. Universidad de Murcia. Vol. 1. No1. 2007. Pág: 59
[3] ALVAREZ, MUNARRIZ. Luis. Pág.: 60
[4] CRIADO, BOADO. Felipe. Pág.: 17

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