Hace muchos años que perdimos la
consciencia del espacio. Desde el momento en que nuestros pensamientos ahondan
en las vanidades del quehacer diario, y nuestra atención se redirige
continuamente a atender el tráfico y no ser atropellados por el camino, damos
un paso más al olvido de la historia de las cosas, o simplemente a dar por
sentado que los elementos que nos cruzamos todos los días siempre existieron o
siempre los hemos visto en su lugar y por eso pierden importancia.
Pero ¿Cómo darse cuenta de que
hay todo un mundo a tu alrededor? Hace unos años, mi hermano y yo solíamos ir
de senderismo a explorar lugares de nuestro entorno natural. Un día nos dio por
conocer la flora de la isla, nos empeñamos sobre todo en la flora autóctona y
en la botánica del exterior que más se ve. El experimento fue extremadamente
gratificante porque con libro en mano y las botas puestas, exploramos un nuevo
mundo, nos dimos cuenta de que existe una enorme variedad de fauna en espacios
impresionantemente reducidos y observamos lo ignorante que éramos al no conocer
el mundo vegetal que nos rodeaba cada vez que salíamos. A partir de ahí, cuando
salíamos con la bicicleta, o a caminar, éramos mucho más conscientes de ese
mundo, que antes solo pasábamos sin importarnos que existía.
Con esto quiero decir que todo lo
que nos rodea tiene una historia, y para conocer la historia de las cosas, lo
mejor es conocer el principio de todo, y el principio de todo comienza con la
misma naturaleza y la interacción del hombre con esa naturaleza territorial,
vegetal y faunística; como fuimos transformando el territorio[1].
Incidiendo en estos conceptos de relación de territorios, humanos y paisajes,
tenemos que tener en cuenta que no solo los transformamos nosotros sino que nos
transforma a nosotros[2]
y es que no tiene las mismas costumbres una persona que viva en la costa, que
una que viva en la montaña. Utilizamos el territorio y sus recursos de una
forma diferente y el territorio nos hace especiales en cada caso.
Por todo esto, y no solo para
entender los procesos histórico-sociales que llevó a que se transformara de una
u otra manera un paisaje, es muy necesario para entender el devenir de la
propia humanidad, reconocer las transformaciones que desde el más remoto pasado
existieron. Y a esto le añado que: solamente conociendo el paisaje pasado,
podemos reconocer como destruimos el medio ambiente, y como debe ser
transformado para no seguir destruyéndolo. [3]
Para la arqueología, el
reconocimiento de los espacios pasados es esencial para entender como se
desarrollaron las culturas, y aplicar así datos fundamentales para el estudio
de las culturas que se desarrollaron en un territorio determinado.[4]
Pero para la sociedad, el conocimiento de los paisajes
del pasado es la apertura a ese mundo que nos lleva a ser conscientes de
nuestro alrededor. De como las sociedades del pasado añadieron para bien o para
mal un nuevo escenario, y una personalidad que se desarrolló y que se desarrolla
con la interactuación de nuestro contexto urbano o rural. En donde, al fin y al
cabo, siendo conscientes de lo que nos rodea, nos hace libres para elegir y
entender cómo usar la interactuación del medio y a donde llevarla.
[1] CRIADO, BOADO. Felipe: “La Arqueología del Paisaje como programa de gestión integral
del Patrimonio Arqueológico”. Boletín Andaluz del Patrimonio Histórico.. Ed: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.Vol. 14. Sevilla Sevilla. 1996. Pág.: 16
[2] ALVAREZ, MUNARRIZ. Luis: “Conciencia y conducta medioambiental: Los paisajes culturales”.
INTERSTICIOS: Revista sociológica de Pensamiento Crítico. Universidad de Murcia. Vol. 1. No1. 2007. Pág:
59
[3] ALVAREZ, MUNARRIZ. Luis. Pág.: 60
[4] CRIADO, BOADO. Felipe. Pág.: 17

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